¿Quién sabe lo que es un hombre?
¿Quién puede ver lo que eres en realidad?
¿Quién puede ver atreves de tus ojos?
Si estoy triste…
Si soy bueno o malo…
Si en realidad sufro…
O que tan marchito de alma estoy.
Idea Musical: Pete Townshend.
¿Quién sabe lo que es un hombre?
¿Quién puede ver lo que eres en realidad?
¿Quién puede ver atreves de tus ojos?
Si estoy triste…
Si soy bueno o malo…
Si en realidad sufro…
O que tan marchito de alma estoy.
Idea Musical: Pete Townshend.

Algunos errores frecuentes respecto del Protocolo.
El Protocolo existe porque existen las relaciones entre practicantes del BDSM. Es necesario para la buena armonía y convivencia de quienes se relacionan.
Creo que debemos tener en cuenta, ante todo, a quién afecta el Protocolo. Un error muy común es pensar que el Protocolo solo se aplica cuando se trata de actividades organizadas que congregan a un amplio número de practicantes del BDSM. Unas pautas de comportamiento en una relación Amo – sumisa ya forman en su conjunto un Protocolo. Incorporar a una tercera persona a ese vínculo o relación implica necesariamente explicar cómo se manifiestan los roles en dicho vínculo. Es verdad que, donde se hace público y manifiesto el Protocolo es en las Organizaciones, locales con espacios acondicionados para BDSM y aquellos eventos puntuales para el encuentro y desarrollo de algunas prácticas. Cada uno de estos casos puede tener especificidades, aunque la mayor parte de sus normas son comunes.
Otro error muy frecuente es pensar que el Protocolo solo se refiere a cómo debe comportarse una sumisa o esclava frente a su Amo, y por indicación de éste a otros Dominantes y sumisas. Se olvidan que el Protocolo también debe ser seguido y respetado por los Dominantes (la falsa idea del Amo “dios”) en relación a su sumisa y esclava, en la relación con otros Dominantes y para con otras sumisas.
Una generalización que también da lugar a errores frecuentes, es pensar que el Protocolo solamente se extiende a aspectos como el código de vestuario, un argot específico, uso de instalaciones o aplicar las normas sólo en el momento del desarrollo de una sesión o juego BDSM.
Para terminar con la descripción de situaciones que considero erróneas, otra que se da con suma frecuencia es la que considera que el Protocolo se aplica sólo con quien ha dado muestras suficientes de merecerlo. Como forma de comunicación, el Protocolo revela mucha información: apariencia externa, estética, saber estar, carácter del rol y experiencia.
Los cuasi Dogmas del BDSM.
El Protocolo existe porque el BDSM incide, afecta y altera al estado físico y emocional de quienes lo practican. En cualquiera de sus variantes, el BDSM desarrolla relaciones asimétricas: Una persona inmoviliza - otra queda inmovilizada; una persona ejerce autoridad y poder - otra obedece; una persona infringe dolor y humillación - otra lo experimenta.
En un nivel superior, inviolable por describirlo de algún modo y que pudiéramos considerarlas como dogmas están un conjunto de valores que giran sobre los conceptos “Seguro, Sensato y Consensuado” (acrónimo SSC); y “Riesgo Asumido y Consensuado para la práctica Sexual Alternativa” (acrónimo RACSA o RACK). Esta terminología conceptual, tantas veces citada y redefinida en cualquier espacio virtual o físico de BDSM, trata de garantizar que entre los participantes quedan consensuadas las prácticas, las formas de comunicación y mecanismos de seguridad, los límites y alcance de dichas prácticas; y que el proceso de recuperación o cuidado que se requiere y que cualquier alteración negativa física y emocional quedará adecuadamente reestablecida (puedes consultar este el artículo Protocolos de sesión en el BDSM sobre los protocolos de sesión).
Otro conjunto de valores está destinados a identificar las actitudes y aptitudes que deben identificar los roles superior e inferior en estas relaciones asimétricas. Básicamente es responder a dos preguntas: ¿Qué se espera de un Dominante?, ¿qué se espera de un sumiso? Aquí el Protocolo es más díscolo y difícil de precisar, porque cada Comunidad BDSM acentúa unas cualidades o unos rasgos en detrimento de otros, buscando una mayor adaptabilidad para el conjunto de personas que congrega (por ejemplo, las sociedades hispanas han enfatizado mucho en aquellos valores que identifican claramente al BDSM fuera de toda sospecha relacionada con el predominio del hombre sobre la mujer y situaciones de abuso sexual). Pero todas las Comunidades tienen en común que describen las características del comportamiento esperadas en ambos roles y el alcance de las respectivas responsabilidades y obligaciones de todos los practicantes según sea su rol. Están muy difundidas las 10 reglas para Dominantes y las 10 reglas para sumisas: paciente, humilde, mente abierta, comunicativo, honesto, sensible, dominante/sumiso, realista, cuerpo sano, y diviértete.
Fuente: El protocolo BDSM - Gabrel - Publicado por Cuadernos de BDSM - nº 4 de 2008
Publicado en Rosazul BDSM el 8 de junio de 2018

Ira y amor están dentro en el pecho y cada cual me causa un mal extraño; el amor fue principio del engaño; después, del mismo amor nació el despecho. Deseo aborrecer por mi provecho, visto que del amor me viene el daño; mas no basta la ira en mal tamaño el nudo deshacer que amor ha hecho. Ira me mueve a ser vuestro enemigo y muéstrame razón por que lo sea; mas ¿qué vale, si amor a amar me tira? Y así mientras los dos tratan conmigo, es fuerza que la triste alma se vea, siendo esclavo de amor, sujeto de ira. Autoría de: Gutierre de Cetina |

En el BDSM existe un conjunto de normas razonables y sensatas que determinan cómo deben ser nuestras conductas, comportamientos y relación con otras personas, a su vez saber qué podemos esperar de los demás. Es lo que se denomina Protocolo.
Introducción ( I )
No se discute que en el BDSM existe un conjunto de normas razonables y sensatas que determinan cómo deben ser nuestras conductas, comportamientos y relación con otras personas, a su vez saber qué podemos esperar de los demás. Básicamente es lo que podríamos denominar Protocolo. En el Diccionario multilingüe de BDSM de Bartomeu Doménech (Ed. Bellaterra 2004) se define como “conjunto de reglas que hay que observar”.
Además de lo anterior, el Protocolo sirve para desarrollar la fantasía y la imaginación, adornan el vínculo y la relación, explicitando cada uno de los pasos que debes seguir durante un encuentro.
Ambas formas de entender el Protocolo fueron denominadas en un debate celebrado en Rosas5 (Barcelona) como Protocolo Generalizado (que afecta al BDSM como grupo) y otro Protocolo Interno (que afecta al vínculo Amo-sumisa).
No obstante, algunos practicantes del BDSM se rebelan contra dichas normas, hay quien las cuestiona y se muestran no partidarios de ellas, otros matizan en cambio que son defensores de su existencia siempre que no sean muy elaboradas.
Lo chocante de esta observación, que puedes seguir a través de lecturas en foros y debates, es que, aunque se escribe mucho sobre la conveniencia o no de Protocolo, pocos se atreven a entrar en el detalle de cuáles son los contenidos de dicho Protocolo, en qué conceptos se sustenta, de dónde proviene o cómo articularlo.
Una razón de esta carencia es intrínseca al BDSM, consecuencia de su variedad y su pluralidad de prácticas, de modo que, por ejemplo, aquellas reglas a seguir que pudieran considerarse muy convenientes para la práctica del Bondage son irrelevantes o quedan sin efecto para otras prácticas más próximas al sadomasoquismo.
La otra razón es dialéctica: ¿Qué incluye el protocolo? Hay quienes consideran que deben quedar fuera de ser consideradas Protocolo BDSM aquellas reglas o normas objetivas y explícitas que se concretan en torno a un evento, organización o local (denominándolas, tal cual, reglas o normas), y también deben quedar fuera las que se basan en el respeto y el buen comportamiento de las personas (por cuanto se presuponen para quienes quieren relacionarse e integrarse en el seno de una Comunidad); incluyendo por tanto sólo aquellas que sí tipifican y adornan propiamente la escena y el comportamiento en rol del Dominante y de la sumisa.
Otros en cambio, entre los que me incluyo, consideramos que el Protocolo está constituido por la existencia del conjunto de normas, valores, símbolos y formas de relación entre personas, aunque muchas no escritas, y que son las que confieren un carácter singular y específico que permiten apelar a los términos Subcultura BDSM y Estilo de Vida BDSM.
Como soy consciente que el debate sobre el Protocolo continuará después de este artículo, y quizá más por un sentido de previsión para cuando las cosas suceden demasiado tarde, prefiero hacer referencia al todo y no quedarme solo en una parte. Debemos tener claro que no existe un único Protocolo. El propósito de este artículo es mostrar dónde y cómo actúa el Protocolo y cuáles son las claves para que cualquier practicante (inicial o con experiencia) sepa desenvolverse con su mejor conocimiento y capacidad relacional dentro del BDSM.
Fuente: El protocolo BDSM - Gabrel - Publicado por Cuadernos de BDSM - nº 4 de 2008
Publicado en Rosazul BDSM el 8 de junio de 2018


El misterio de la mente, el desarrollo de la duda obscura y de la verdad no dicha,
¿En serio? Que tan solos estamos con nuestras mentiras.
Cuando se piensa en cuerdas y en erotismo, la mente viaja hacia el bondage, el arte de inmovilizar a una persona con el objetivo de someterla para impartir dolor o placer, generalmente con un objetivo sexual. Pero en ese caso, el bondage es una herramienta para conseguir un fin. En cambio, el shibari, el arte de atar al estilo japonés, es a la vez camino y destino. Porque lo que se busca es sencillamente dejar que la persona sienta la sensación de las cuerdas, de su roce molesto o vibrante en puntos de presión clave, de dejar que le suspendan en el aire, de sentirse, en definitiva, a la merced total de alguien.
Antonio Shibarita, lo primero que
explica sobre el shibari es que puede definirse como «el arte japonés de la
atadura erótica». Aunque sobre el mismo, matiza que también hay palabras que lo
diferencian, ya que, «shibari significa atadura, mientras que kinbaku se podría
traducir como ‘atar fuertemente’. Ambas se emplean con ciertos matices que las
diferencian. La segunda tiene un matiz de ‘abrazo fuerte’ y se suele emplear
cuando la atadura realizada conlleva una comunicación emocional».
Si esa es la parte etimológica,
la parte técnica también tiene sus concreciones. Por ejemplo, en el uso de los
materiales. Así, si en el bondage es habitual usar plásticos, cintas adhesivas,
látex o cuerdas sintéticas, «en el shibari siempre se usan fibras naturales,
preferiblemente de yute o de cáñamo», ya que las cuerdas son un medio por el
que debe fluir la emoción entre el que ata y el que es atado. El emisor y el
receptor del mensaje, en un acto que es una forma de comunicarse, al fin y al
cabo.
Aunque el shibari tiene mucha
historia, resumiendo un poco sus orígenes, Shibarita relata que «es un arte
que, aunque bebe de técnicas usadas por los samuráis para otros fines, fue
desarrollada por el pintor Itoh Seiyu para ilustrar relatos eróticos, primero
en dibujos y luego en fotografías. Tanto es así que se le considera el padre
del shibari».
Actualmente, el arte del shibari
se extiende no solo entre los círculos más selectos, sino también a través de
talleres en los que no se busca aprender a ser un experto en una sola sesión,
pero sí entender el concepto y adentrarse en estas sensaciones, con la
seguridad de saber que se aprenden de la mano de un maestro. Algo así como una
forma de aprender a atarse precisamente para liberarse.
No todo el mundo se siente cómodo
en este tipo de talleres. Al fin y al cabo, se trata de ponerse en las manos de
otra persona, que no siempre es alguien conocido, y dejar no solo que ate tu
cuerpo, sino también que conecte contigo de una forma física y mental. Pero esa
es la gracia, no solo notar el cáñamo en la piel, o cómo los nudos provocan
sensaciones inesperadas, sino también dejar de tener el control por un momento
para cedérselo a otro, hasta el punto de levitar, en el sentido estricto de la
palabra.
Porque el arte del shibari no solo conlleva ataduras, sino también suspensiones o semisuspensiones en el aire, en las que las sensaciones se intensifican y la seguridad, en consecuencia, también. Es por ello que es clave conocer los diferentes tipos de ataduras, según las necesidades. Los nombres son muchos; «todos provienen del japonés: takatekote, goteshibari, futomomo, tzuri, ebi y una larga lista».
Cada una de ellas implica no solo
presionar diferentes puntos de placer o de dolor, sino que también tienen un
sentido estético, ya que el shibari también es un homenaje a la silueta del
cuerpo. «El shibari viene desde su creación impregnado de una fuerte carga
estética», asegura Antonio Shibarita.
Respecto a su uso con un fin
erótico, que también lo tiene, todo dependerá siempre de que ese sea el deseo
de las dos partes, y que sea un juego siempre consensuado. «Hay múltiples
posibilidades en las ataduras», apunta Shibarita, que explica que, si puede
presionar o hacer vibrar una cuerda en cualquier parte del cuerpo, como en la
espalda, también lo puede hacer en los genitales, o en otros puntos erógenos.
Otro dato interesante es que «los
japoneses encuentran altamente excitante la exhibición y vergüenza más o menos
publica que conlleve excitación». Es decir, que uno de los juegos del shibari
es precisamente buscar qué es lo que más vergüenza da a la persona atada, para
aprovechar su imposibilidad de moverse, y exhibir justo aquello que intenta
ocultar. Por ejemplo, con una atadura que le haga tener las piernas más
abiertas. La idea es que en esa comunicación también se descubran las
sensaciones que tiene la otra persona para ponerlas de manifiesto.
En definitiva, el shibari es más que atar a otra persona o una forma de buscar un placer inmediato; es un arte que puede liberar todo tipo de emociones, siempre y cuando se esté dispuesto no solo a rendirse a las cuerdas, sino a todas las sensaciones que estas quieran susurrar.
Extraído de la página: web yorokobu.es (por Silvia C. Carpallo) 13 de junio 2017
Ciña ¡Oh Patria! tus sienes de oliva
De la paz el arcángel divino,
Que en el cielo tu eterno destino
Por el dedo de Dios se escribió.
Mas si osare un extraño enemigo
Profanar con su planta tu suelo,
Piensa ¡Oh Patria querida! que el cielo
Un soldado en cada hijo te dio.